Tal vez cambié yo, tal vez sólo cambió la forma en que me miras o este puto mundo en el que vivimos. Tal vez siempre fui el mismo, sólo que antes me veías distinto.
Todo era silencio y viento, veíamos como se apagaban las luces de los edificios y escuchábamos el transitar de los autos por las calles, sus luces pequeñas se movían y si alzábamos la mirada, se podía admirar a lo lejos pequeñas pero hermosas las estrellas y la luna que compartían con nosotros la noche.
Era un silencio cómodo, a veces interrumpido por un pequeño suspiro o un resollar de la nariz, el frío y el olor a noche rodaba por nuestros rostros y agitaban su cabello. Mientras me fumaba un malboro ella me acariciaba la oreja mientras mi cabeza descansaba sobre sus piernas, pasábamos horas y horas en lo mas alto del cerro a dos cuadras donde recibía clases.
Era un silencio placentero, escuchar la noche, el viento, las palabras que no decía pero que sus ojos expresaban. Recuerdo aquella ultima noche -vámonos, me dijo, le di la última fumada al cigarro que le habia quitado a unos de mis compañeros de clases y me puse de pie, la tomé de la mano, como cuando fuimos novios, y nos fuimos caminando hacia la metro, como si no hubiera pasado ya un año desde que nos conocimos, como si nada hubiera pasado. Ya no quise recordar la tarde en que azoté la puerta y en medio de gritos me fui.
¿Cómo fue que llegamos a ese punto?
¿Cómo fue que las caricias se convirtieron en olvido, los cariños en insultos, los besos en indiferencia?
¿Cambié yo, cambiaste tú?
¿O simplemente cambió la forma en que me veías?
Culpamos y juzgamos a las personas ignorando que tal vez nosotros mismos fuimos los que cambiamos la forma de ver las cosas.
Lo que un día amaste tal vez fue sólo una expresión efímera de mí, tal vez fue lo mismo que he hecho siempre, pero que en ese momento, te pareció diferente.
En la costumbre y en la monotonía de hacer todo juntos fuimos perdiendo el gusto de la noches de las caricias, de la aventura de buscar el momento de estar solos. Quise cambiar por ti y terminé perdiéndome a mí, a ti y a nosotros mismos.
Hasta la noche en que nuestra soledad nos llevo por separado y en grupos diferentes coincidimos en aquel mirador donde solíamos estar juntos.
Culpamos y juzgamos a las personas ignorando que tal vez nosotros mismos fuimos los que cambiamos la forma de ver las cosas.
Lo que un día amaste tal vez fue sólo una expresión efímera de mí, tal vez fue lo mismo que he hecho siempre, pero que en ese momento, te pareció diferente.
En la costumbre y en la monotonía de hacer todo juntos fuimos perdiendo el gusto de la noches de las caricias, de la aventura de buscar el momento de estar solos. Quise cambiar por ti y terminé perdiéndome a mí, a ti y a nosotros mismos.
Hasta la noche en que nuestra soledad nos llevo por separado y en grupos diferentes coincidimos en aquel mirador donde solíamos estar juntos.
No hubo palabras ante el reencuentro inesperado, los dos sabíamos de alguna forma, que queríamos estar juntos, que merecíamos comenzar de nuevo y darnos la oportunidad de ser otra vez felices. Pero en ese momento recordé lo que siempre te decía: YO no miro para atrás así que no le falte a mi palabra y la deje ir
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