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Regale afecto, no lo compre

Hoy me miré al espejo y me dije a mí mismo:
“¡Qué guapo estás!, sería un desperdicio que este fin de semana te quedaras otra vez en casa viendo  la televisión como ya se me ha hecho costumbre”.

Antes de terminar de decir la palabra desperdicio, me abofeteé fuertemente gritando “¡¿Estás loco jMaster?! ¿Acaso quieres que nos den medicamento otra vez?, ¡deja de estar hablando solo!”

Reflexioné y recordé aquel 14 de febrero del 2011. Es raro que lo recordara porque precisamente recuerdo que se me había olvidado, estaba súper cabreado como cuando me late la parte lateral de mi cara todo por haber olvidado tan importante fecha así que ese día marqué a casa de mi novia y en cuanto levantó la bocina y antes de que dijera una sola palabra la interrumpí :
-¡OYE QUE PASO DONDE ESTAS! Por qué mierda no me recordaste ayer cuando estábamos haciendo el amor en el sofá de tu casa que mañana (o sea hoy), era, (o sea, es) 14 de febrero, ¿eh? ¡NO JODAS, NO JODAS EN SERIO!
Justo cuando acabé de decir SERIO, al otro lado del teléfono contestó una voz femenina que no era la de mi novia -¿Eres tú, Jimmy?

-Ay perdón, cuñada- Respondí avergonzado. -Pensé que era tu hermana, ¿podrías comunicarme con ella por favor?

-Ja, qué menso, no, soy yo, Claudia aquí no vive aquí, lo sabes. Vi tu número en el identificador y me emocioné porque llamaste justo hoy 14 de febrero… aunque no estuvimos haciendo nada ayer en el sillón, eh, mi amor.- Me respondió alegre.

-¿Me vas a pasar a Yadira, sí o no?- La interrumpí tajante.

-¿Yadira?, ¿pero tú que puedes tener con mi hermana?- Respondió extrañada.

-Ah, ¿no te ha dicho?, estamos saliendo, luego de que dejé de buscarte desde hace ya quince largos días, asumí que ya sabías que no quería nada contigo y me brindé la oportunidad de conocer nuevas personas, en este caso, Yadira.

-¡Óyeme pendejo, no jodas, ella es mi hermana!- Respondió indignada.

-No, tampoco vengas con tus cosas, si no tiene ni dos meses que anduvimos haciéndolo tú y yo, no te digo, siempre con tus puterías, pásamela, ya no quiero hablar contigo… gracias, cuña.- Terminé tajante pero cortés.

Después de unos segundos la voz tímida de Yadira respondió al teléfono –Hola-. –Paso por ti en 30 minutos, espérame en la puerta- le dije y colgué.

Llegué por ella puntualmente dos horas más tarde de lo acordado y después de darle un beso, caminamos hacia mi flamante vehículo alquilado, me puse frente a la puerta para que ella abordara y yo aproveché para darle un apretón de nalgas cuando ella entro al auto que nos llevaría a los cines de la 9 de Octubre (SuperCines).

Estaban hasta la madre, la fila para comprar boletos daba la vuelta y las localidades estaban agotadas, de no haber sido porque nos metimos por la puerta de salida a la sala, jamás habríamos entrado a ver la película.

Como caballero que soy, le pregunté si quería palomitas o algo del bar, ella me extendió un billete de $20 y me dijo “Tráeme lo que sea, lo que tú quieras”. La abofeteé con la misma mano donde tenía el billete.

–¡NO, LO QUE YO QUIERA, NO! Qué pretendes, eh, o sea que yo voy a comprar lo que quiera para mí, y tú vas a terminar comiéndote lo mío, pues no, tú pide lo tuyo.- Respondí enfurecido.

Ella se puso a llorar y yo comprendí de inmediato que me había equivocado y me sentí mal. Pensé que ella era distinta a las demás, pero no, TODAS SON IGUALES.

Todos los hombres sabemos que las lágrimas de una mujer siempre guardan un mensaje detrás, por ejemplo, “necesito atención y no me la das”, “de verdad quiero esos zapatos”, “va a venir mi mamá a vivir con nosotros y no sé cómo decirte”… las lágrimas de una mujer son siempre tan falsas. Así que asumí que lo que ella me estaba pidiendo en ese momento era sexo duro. Me saqué el pene y se lo retaqué en la boca, ahí, en plena sala 4 de los cines  de la 9 de Octubre veíamos a Saúl Lizaso en uno de sus peores papeles interpretando a George Clooney en Ocean’s Eleven.

Como era de esperarse, por su culpa nos sacaron del cine y decidí que era mejor terminar lo que había empezado y fuimos a un hotel que está ahí en Junin 114 y Cordova (Motel Extasis), en el corazón de Guayquil , justo donde el amor se vende a 14 dolares  más el cuarto.

Estaba igual, hasta la madre, ni una habitación disponible, así que le propuse, -¿Sabes qué?, vámonos al  Howard Jhonson, que está en la Kennedy, lo vales.
Cuando llegamos allá, se quedo asombrada del lujoso lobby, la senté en uno de los sillones y la empecé a besar con pasión.

-Espérate, ¿aquí?, mejor pide un cuarto- Alegó ella.
-¡Estás pendeja!, ¿sabes cuánto cuestan?, además ni que fuera la primera vez que cogemos en un sillón- le respondí.

No quiso, se negó, así que nos fuimos de regreso a su casa e hicimos el amor en su recámara, mientras, Claudia, casualmente mi ex novia, golpeaba la puerta furibunda.

La moraleja es: el 14 de febrero, regale afecto, no lo compre.


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